EL BAÚL OLVIDADO

 

Durante años estuvo este pequeño baúl dando vueltas por casa. Ni recuerdo como llego a ella. Paso por varias estancias o creo que por todas ellas. De vez en cuando me topaba con él y lo reubicaba  pensando en que ese era, su sitio ideal.

Me engañe una y otra vez. No tenía un espacio  en nuestra casa, un lugar donde encajar, donde todo el conjunto cobrara forma y él se sintiera a gusto.

Así que  decidí acabar con su pobre existencia, de baúl errante.

Le di un par de manos con pintura a la tiza, su pintura rojiza se resistía a blanquearse. Lijada entre mano y mano.

Le corte las tiras de cuero estaban muy ajadas y no agarraba bien la pintura. En sus partes doradas le di con la pintura muy aguada y retire con un trapo. Conseguí así que sus relieves luzcan más.

Con lija bien fuerte lo fui desgastando conseguí así que pareciera más viejito aún.

Con una muñequilla le di una cera ligeramente tostada para que los desgastes se vieran bien. Creo que en este momento pareció decirme para ya que en vez de ponerme guapo pareceré un desecho. Pero él no entiende lo que a mí me parece bonito. Él no sabe que realzar sus imperfecciones lo eleva, lo rejuvenece.

Como sus herrajes estaban muy estropeados corte unas tiras de un viejo cinturón y les di betún de Judea.

Paso de baúl errante y olvidado a tener dos candidatas para quedárselo. Ya les dije a mis dos hijas quien más piropos le eche se lo queda.

 

 

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